Por cierto, nada se compara con lo que la historia registrará indudablemente como el derrame más significativo de material confidencial de todos los tiempos, la descarga de cientos de miles de cables que ahora están a la vista en WikiLeaks y sus sitios espejo que crecieron como callampas. El Buró de Seguridad Diplomática (un oxímoron como ninguno) supuestamente debe proteger a nuestros diplomáticos estadounidenses que protegen secretos de Estado, y con el transcurrir del tiempo tampoco lo han hecho muy bien.
El Departamento de Estado y su DS nunca se responsabilizaron por su parte de la pérdida de todos esos cables, nunca reconocieron sus propios errores o medidas porosas de seguridad. Nadie será jamás despedido en el Departamento debido a WikiLeaks, con la excepción posible, en algún momento, de mi persona. En su lugar, el Departamento se sumó al atraco federal del soldado Bradley Manning, la persona que supuestamente copió los cables en un CD de Lady Gaga mientras estaba sentado en el desierto iraquí.
El hecho de que todos esos cables hayan estado disponibles electrónicamente para todos, desde el secretario de Estado a un humilde soldado del ejército, fue el resultado de una torpe decisión después del 11-S a los máximos niveles del Departamento de Estado a fin de compensar rápidamente deficiencias en el compartimiento de información. En el intento de complacer a una Casa Blanca furiosa de Bush, el Departamento pasó de compartir casi nada a compartir casi todo de un día para otro. Lanzaron toda su biblioteca al intranet clasificado del gobierno, SIPRnet, poniéndola a disposición de cientos de miles de empleados federales de todo el mundo.
No suele ser una buena idea hacer que información clasificada esté tan disponible, cuando no se puede controlar quién tiene acceso a ella fuera de tu propia organización. Las agencias de inteligencia y los militares ciertamente no hicieron algo semejante en SIPRnet, antes o después del 11-S.
El Departamento de Estado no restringió el acceso. Una vez que entrabas lo podías ver todo. No había ninguna salvaguarda para preguntar por qué alguien en el ejército en Iraq en 2010 necesitaba ver informes de Islandia de los años ochenta. Incluso dentro de su propia organización el Departamento de Estado exige que sus empleados se “suscriban” a los cables clasificados por tópico, creando un registro de lo que ves y limitando el acceso según la necesidad justificable. Un sujeto que trabaja en temas comerciales con Marruecos puede tener que explicar por qué pidió informes político-militares de Chile.
La mayoría de los sitios de pornografía pagada limitan la cantidad de datos que pueden bajarse. El Departamento no. Una vez que esos cables estuvieron disponibles en SIPRnet, no se implementaban alarmas o restricciones para que los usuarios de bajo nivel no pudieran bajar simplemente terabytes de datos confidenciales. Si se mantenían algunos registros de actividad, no parece que alguien los haya controlado.
Unos pocos cables clasificados del Departamento de Estado incluyen fuentes, detalles sobre de quién o cómo se reunió la información. Esos datos de fuentes permiten que un lector informado juzgue la veracidad de la información; ¿fue la fuente sobre los planes nucleares de un país un vendedor callejero o un alto oficial militar? A pesar de que a veces la naturaleza de la protección de las fuentes era asunto de vida o muerte (aunque hay quien argumenta que es exagerado decirlo), el Departamento simplemente descargó sus cientos de miles de cables en línea sin censurarlos, dejando los nombres de fuentes, todos rosaditos y desnudos al sol.
Y de nuevo la historia muestra que la seguridad técnica no es el juego del Departamento, lo que significa que el alboroto de WikiLeaks es menos una sorpresa en su contexto. Por ejemplo, en 2006, informes noticiosos indicaron que los sistemas informáticos del Departamento fueron masivamente hackeados por locos por la informática chinos. En 2008, revelaciones de datos del Departamento condujeron a una trama de hurto de identidad que solo se descubrió mediante un arresto fortuito por policías de Washington D.C. Antes de clausurarse en 2009, el fisgoneo en registros de pasaportes privados fue una popular actividad interna en el Departamento de Estado, ampliamente conocida e informalmente aceptada. En 2011, contratistas que utilizaron identidades falsas parece que descargaron 250.000 antecedentes médicos de empleados del Departamento de Estado, incluidos los míos.